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Dios está contigo

DÍA 10

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” Josué 1:5-9

Moisés muere, y Dios elige para guiar al pueblo de Israel a la tierra prometida a Josué, su servidor. Y Dios le asegura que ESTARÍA CON ÉL COMO ESTUVO CON MOISÉS. ¿Qué implicaba eso? Que las señales y los milagros estarían con él, que la protección y la provisión de Dios estarían con él. No es fácil ser el segundo, ¡y menos sucederle a un líder de la talla de Moisés, por eso, conociendo lo que sentía Josué, Dios lo afirma en que estaría con él como estuvo con Moisés y le dice cuál sería su parte en el trato: Tendría que esforzarse y ser valiente. No apartarse de la ley de Dios, meditar de día y de noche en su ley y no temer ni desmayar.

Dios promete estar con nosotros así como estuvo con Moisés y Josué. Pero tú y yo necesitamos hacer nuestra parte: esforzarnos en seguir sus enseñanzas y ser valientes. No temas, confía, ¡Dios está contigo!

La Gloria de Dios

DÍA 9

Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Éxodo 34:28-29

Siempre me ha maravillado la vida de Moisés, si miramos atentamente toda su vida (¡te animo a que lo hagas!) veremos que era un tanto atrevido para hablar con Dios. En el capítulo anterior a este le dice que quiere “ver su gloria” ¿y sabes qué? ¡Dios le concede la petición! Lo invita a subir al monte para estar con Él “cuarenta días con sus noches”, allí Dios le da los diez mandamientos. Pero también le muestra su gloria, ¡de solo pensarlo me emociono! Al bajar del monte la piel de Moisés resplandecía después de haber hablado con Dios, pero lo más curioso es que él no lo sabía, tan visible e intenso era aquello, que tenía que taparse el rostro cada vez que salía de hablar con Dios.

¿Cuándo sales de hablar con Dios los demás se dan cuenta? Tu mirada, actitudes y palabras, ¿son diferentes? El estar con Dios cambia a las personas, si sales igual o peor habrá que pensar: ¿qué falló? ¡Dios sigue siendo el mismo! No me imagino a Dios escuchando largos monólogos de Moisés, me imagino a Moisés con su cabeza baja, con actitud de humildad diciendo: “Habla que tu siervo escucha”, por eso a la hora de hablar con Dios: Habla menos, escucha más y deja que su gloria se te llene.

Su presencia nos da descanso

DÍA 8

Y él (Dios) dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. Éxodo 33:14-15

Luego de que Dios hubiera sacado de Egipto a su pueblo Israel y haber hecho demostraciones maravillosas de su protección y provisión, Moisés su líder, es llamado por Dios al monte para recibir instrucciones durante 40 días, pero como se demoraba, el pueblo decide hacer un becerro de oro como “su dios” y adorarle. Ante esa actitud Dios le dice a Moisés que les comunique al pueblo que un ángel y no el mismo les acompañaría en el camino hacia la tierra prometida.

Moisés le ruega a Dios que cambie de opinión, pues para él y el pueblo lo importante era tener la presencia de Dios con ellos, de hecho, los pueblos de alrededor sabían que el Dios de los judíos era un Dios real que actuaba y peleaba por ellos, pero aun así lo habían menospreciado.

Los judíos sabían lo que era caminar sin la presencia activa de Dios, por ello, Moisés siendo aún más osado le dice a Dios: “Si tu presencia no ha de ir con nosotros, no nos saques de aquí” y el pueblo se suma a su sentir, pues ellos preferían el desierto con Dios a tener éxito pero sin Dios en medio.

¡Tú y yo también sabemos lo que es caminar sin la presencia de Dios! La angustia, soledad, desorientación y vacío que eso produce, ¡lo sabemos muy bien!, porque su presencia nos da descanso, sabemos que si Él va con nosotros tenemos su protección y provisión.

Dios te defiende

DÍA 7

Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores. Radiantes están los que a él acuden; jamás su rostro se cubre de vergüenza. Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo libró de todas sus angustias. El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos. Salmo 34: 4-7 NVI

¿Qué haces cuando la angustia y el temor te asaltan?, ¿te aíslas?, ¿te deprimes?, ¿tratas de distraerte para no pensar en ello?, ¿te refugias en cosas que no te ayudan como el alcohol, las drogas, el celular? o ¿hablas con alguien? Ante situaciones críticas buscamos salir rápidamente. Muchas veces buscamos atajos que no son buenos. Dios nos anima a buscarle. Miremos juntos qué le pasa a los que le buscan:

  • Dios los escucha
  • Les libra de sus temores
  • Sus rostros son iluminados
  • Son librados de sus angustias

Por eso dejemos de buscar atajos y tomemos la firme decisión de buscar a Dios en oración cada vez que estemos así. ¡Hasta nuestros rostros cambiarán!

El gobierno de Dios

DÍA 6

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33 (RVR60)

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra
Mateo 6:10 (RVR60)

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. Marcos 1:14-15 (RVR60)

El reino de Dios era el tema que Jesús predicaba. Es decir, que se establezca el “gobierno de Dios” en la vida de las personas, familias y pueblos es el eterno anhelo de Dios. Cuando el pueblo le pide un rey a Samuel, quien era un líder espiritual que guiaba Israel, Dios se entristece, porque Él quería reinar directamente sobre las personas. En la oración que Jesús enseñó llamada “Padrenuestro” nos enseña a pedir que “Venga tu reino” y sigue dándonos una pista de que es clave que se haga su voluntad en la tierra de la misma forma en que se hace en el cielo. ¿Imaginas a los ángeles de Dios desobedeciendo una orden de Él, que el sol decida no salir por las mañanas o la luna por las noches? En el cielo todo está ordenado, es en la tierra donde está el problema.

Cuando el reino de Dios, que no es un reino territorial sino espiritual, se instala en la tierra a través de las personas que lo viven, es decir, los cristianos, entonces el lugar se transforma, la familia se transforma, la Iglesia se transforma y Jesús se convierte en nuestro Rey. No necesitamos llegar al cielo para vivirlo, solo arrepentirnos y creer en Jesús como nuestro Señor (nuestro Rey) y Salvador.

Clama A Dios

DÍA 5

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Jeremías 33:3 (RVR60)

El significado de “clamar” es pedir algo con todo el corazón, o pedir ayuda a gritos. No es una oración descuidada, es una oración enfocada, de alguien que lo ha intentado todo, que ha orado cada día por un motivo y cae rendido ante Dios. Es ese tipo de oración que hacemos cuando estamos desesperados, agotados de buscar soluciones terrenales y no las encontramos, es decir, cuando ya hicimos todo lo humanamente posible y no logramos nada. Es una oración que sale del dolor, no de la prepotencia, es el grito o llanto que sale del quebranto no de la justicia propia. Es allí donde Dios responde, nos enseña cosas grandes y ocultas que desconocemos y nos muestra el camino de salida. Por eso cuando sientas que ya no hay solución humana posible a tu problema clama a Dios, y cuando lo hagas, será el momento en que te responderá y guiará.

¿Dónde vive Dios?

DÍA 4

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
 Isaías 57:15 (RVR60)

¿Dónde está Dios?, ¿en el templo?, ¿en un lugar apacible?, ¿en el cielo?, ¿a dónde puedo ir cuando necesito encontrarme con Él? No es en un lugar físico, sino más bien en la condición de los que le buscan. Dios se esconde de los soberbios, de los que se sienten “muy perfectos”, de los orgullosos, y está cerca de los quebrantados y humildes de espíritu, es decir, con los que están quebrantados por cosas difíciles que pasan.

Es en las situaciones difíciles cuando más nos acercamos a Dios, Él nos dice: ESTOY CONTIGO. Pero también cuando nos quebrantamos ante su majestad y amor es cuando nos damos cuenta de nuestra pequeñez y de lo inconmensurable y maravilloso que es Dios. Él promete dar vida a tu espíritu y a tu corazón, cuando te preguntes ¿dónde está Dios? pregúntate primero dónde estás tú, porque si estás en dolor, no dudes ni un instante que Él está contigo, busca a Dios en humildad y Él acudirá al instante.

Dios está en tus momentos difíciles

DÍA 3

Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses”. Daniel 3:24-25 (RVR60).


Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. Isaías 43:2 (RVR60).

Constantemente en las Escrituras vemos a Dios haciéndose presente en las situaciones más difíciles (así ocurrió con los amigos de Daniel en el horno de fuego). Él mismo lo promete y sale a rescatarnos y librarnos, Él es nuestro pronto auxilio como dice el Salmo 46:1. Aún cuando en los momentos más difíciles nos lleguemos a sentir solos, no nos dejemos convencer por nuestras emociones, Dios está allí con nosotros. Aunque no lo veamos o no podamos percibirlo con nuestros sentidos, Dios está. Así como no ves cómo la corriente eléctrica fluye hasta tu interruptor de luz, o no puedes ver cómo viaja la luz o el sonido en el aire, pero puedes percibir su efecto, así es con Dios. Disfrutarás de su liberación pero no podrás verlo, solo podrás verlo con los ojos del corazón, ¡Da gracias porque Dios no te deja solo!

Entrada libre

DÍA 2

“Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos.
Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” Hebreos 4:14-16 NVI

En Jesús tenemos entrada libre a Dios Padre. Él nos abrió camino con su sacrificio en la cruz. Tenemos acceso directo a todos los recursos espirituales. Jesús puede entendernos porque pasó por las mismas cosas que nosotros pasamos, inseguridades, temores, angustias, pasiones y tentaciones, ¡y logró superarlas a todas! pues su poder es ilimitado y puede ayudarnos en todo. Su trono es trono de gracia, es decir, es un trono de un amor inigualable y maravilloso, de nuevas oportunidades, de perdón infinito. Puedes acercarte confiado, porque tú eres su hijo amado.

Enséñanos a orar

DÍA 1

Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.
Lucas 11:1

La oración era parte de la vida de Jesús, él acostumbraba a apartarse a solas para orar. Oraba muy de mañana y a la noche cuando había despedido a la multitud oraba toda la noche; oraba dando gracias por los alimentos, cuando estaba muy triste y hasta lo hizo en la cruz. La oración era para Jesús como la respiración, Jesús, el Hijo de Dios vivía en permanente comunión con Dios Padre. Por ello sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar, y Él les dio una oración, no un sermón sobre la oración, ni la doctrina de la oración, Él les dio una oración simple y fácil de recordar en el Padrenuestro (Lucas 11.1–4), que sería abreviadamente así:

Padre,
tú eres bueno.
Necesito ayuda. Sáname y perdóname.
Ellos necesitan ayuda.
Gracias.
En el nombre de Jesús, amén.

Deja que Jesús te acompañe durante tu día, dile al comenzar tu mañana: “Padre, tú eres bueno”, cuando estás en tu trabajo o en la escuela: “necesito ayuda”, mientras esperas en la línea de un negocio: “ellos necesitan ayuda”, deja a mano en tu corazón una oración como esa.

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