Agua que da vida

Agua que da vida

—Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.

 —Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—,   pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.

 —Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla. Juan 4:10, 13-15. NVI.

Jesús luego de un largo viaje, se sienta junto a un pozo de agua. Una mujer samaritana de mala reputación vino a sacar agua al mediodía y Jesús le pide agua para beber. Los judíos y los samaritanos (judíos que se habían casado con no judíos) hacía siglos que no se llevaban bien, por ello queda sorprendida por el pedido de este forastero. Cristo, como siempre lo hacía, lleva la conversación a un nivel más profundo y le habla de un agua de vida que solo Él podía ofrecerle y que saciaría su sed para siempre. 

Vivir entre los afanes de este mundo nos seca por dentro, buscamos maneras de cómo saciar “esa” sed, ese sentimiento de insatisfacción que permanece en nuestro interior. Hay maneras buenas y otras no tan buenas que usamos para sentirnos vivos, como una pareja, hijos, carrera, posesiones, fama, adicciones, etc. Pero nada es suficiente porque solo Cristo Jesús puede darnos el agua de vida que nos hace sentir completamente saciados y llenos de vida.

Para pensar:

¿En qué áreas de tu vida te sientes insatisfecho?

Oración:

¡Señor dame ese agua de vida que tú tienes y sacia mi sed interior! En el nombre de Jesús, Amén.

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